La construcción privada se desacelera en Junín y crece la cautela inmobiliaria

Referentes del sector advierten por la caída de nuevas obras, la baja en las ventas de materiales y el escaso acceso al crédito.

El costo de la construcción volvió a subir en abril y el valor del metro cuadrado medido en dólares quedó prácticamente al borde de su máximo histórico. 

Según el último informe de la Asociación Pymes de la Construcción de la Provincia de Buenos Aires (APYMECO), el precio de construcción alcanzó los 2.123.535 pesos por metro cuadrado, con una suba mensual del 2,85 por ciento. 

Al mismo tiempo, el valor medido en dólares pasó de US$ 1.493,50 a US$ 1.522,25 en apenas un mes y quedó a poco más de 25 dólares del récord histórico registrado en abril de 2017.

En paralelo a esos indicadores, en Junín el panorama aparece mucho más cauteloso. Si bien todavía existen operaciones inmobiliarias y algunas obras puntuales en marcha, distintos actores vinculados al sector coinciden en que la construcción privada atraviesa una marcada desaceleración, con menor movimiento, caída de ventas y un mercado cada vez más selectivo.

En diálogo con Democracia, el agente inmobiliario Hernán Pietrobón consideró que en la ciudad “se percibe claramente una desaceleración de la construcción privada” y explicó que el mercado inmobiliario no está paralizado, aunque sí funciona “más selectivo, más lento y con decisiones mucho más racionales”.

Según detalló, el segmento que más se frenó fue el de la obra nueva y particularmente los desarrollos “desde el pozo”, que dependen de costos relativamente estables, financiamiento y una demanda dispuesta a esperar. 

“Hoy el costo de construir, la incertidumbre sobre precios de materiales y la menor capacidad de ahorro de la clase media hacen que muchos inversores posterguen decisiones”, señaló.

En ese contexto, explicó que buena parte de los compradores que antes analizaban iniciar una obra hoy se vuelcan al mercado del usado. 

“El usado aparece como una opción más concreta y menos incierta”, afirmó, al remarcar que muchas familias buscan evitar el riesgo de arrancar construcciones cuyos costos finales son difíciles de prever.

Pietrobón sostuvo además que la demanda todavía existe, aunque está concentrada en propiedades bien ubicadas, en buen estado y con precios acordes a la realidad económica actual. 

“El comprador está mucho más atento al precio y compara más antes de tomar una decisión”, indicó.

Para el referente inmobiliario, el freno de la construcción también impacta indirectamente sobre las inmobiliarias, ya que reduce la rotación de lotes, disminuye el interés por inmuebles a reciclar y enfría proyectos de desarrollo. “No es una crisis de demanda absoluta, sino un mercado más quieto, prudente y condicionado por el poder adquisitivo”, resumió.

La desaceleración también se refleja con fuerza en los comercios vinculados a la construcción. Desde Forte House, Julián Domagala explicó a este medio que los aumentos de materiales continúan, aunque de manera dispar según el rubro. 

“Hay algunos productos que siguen aumentando en función de la inflación, como cemento o cal, y otros que prácticamente no se movieron”, detalló.

De todos modos, aclaró que el principal problema hoy no pasa exclusivamente por los precios, sino por la caída de la actividad. “La actividad sigue estancada, muy baja, en el orden del 40% menos que en los mismos períodos de años anteriores”, afirmó.

Según explicó, el retroceso está directamente relacionado con la pérdida de capacidad de compra de la clase media y de los sectores trabajadores. “Los sueldos hoy están bastante desvalorizados y no acompañan el costo por metro cuadrado de la construcción”, señaló.

Domagala indicó que existen algunos nichos específicos que todavía sostienen cierto movimiento, como emprendimientos inmobiliarios puntuales o determinadas obras privadas, aunque aclaró que se trata de casos aislados y que la recuperación esperada todavía no llegó.

En ese sentido, también hizo referencia a las expectativas que existían en torno al regreso del crédito hipotecario. “Los créditos que se están otorgando son muy pocos y en general están destinados a comprar vivienda ya existente”, afirmó. Según explicó, ese financiamiento puede generar pequeñas remodelaciones o refacciones, pero no logra impulsar el grueso de la actividad constructiva.

El panorama también preocupa entre proveedores y corralones de materiales. Hugo Cieri, titular de HC Materiales para la Construcción, aseguró que el sector atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años y vinculó gran parte de la crisis con la paralización de la obra pública.

“La realidad es que estamos trabajando al 50 por ciento y las obras están muy paralizadas”, sostuvo. Según explicó, la ausencia de proyectos públicos genera un fuerte impacto en toda la cadena vinculada a la construcción, desde el movimiento logístico hasta las fábricas de materiales.

“En la fábrica de ladrillos no hay camiones cargando por lo mismo”, ejemplificó. A eso se suma, indicó, que las pocas obras privadas que continúan activas son contadas y generan una competencia mucho más fuerte entre proveedores y comercios del rubro.

Cieri remarcó además que la situación económica general dificulta aún más la posibilidad de sostener el consumo. “Los sueldos son muy bajos para el costo de vida actual y la gente no tiene acceso a créditos accesibles para comprar materiales, herramientas o incluso una moto”, afirmó.

El empresario señaló que mantener la estructura comercial también se volvió cada vez más difícil por la carga impositiva y los costos operativos. “Cuesta mucho mantener los comercios y no es fácil”, resumió.

El usado gana terreno Daniel Di Palma, presidente del Colegio de Martilleros y Corredores Públicos de Junín, coincidió en que el aumento del costo de construcción medido en dólares modificó el comportamiento del mercado y empujó a muchos compradores hacia propiedades usadas.

Según explicó, la estabilidad cambiaria y el incremento de costos por inflación hicieron que “el metro cuadrado en dólares valga un poco más mes a mes”, una situación que termina favoreciendo al mercado del usado, cuyos valores se mantienen más estables.

“El usado se ve con buenos ojos porque no tiene la implicancia de los costos actuales y además ya tiene incorporada la amortización del paso del tiempo”, señaló.

Di Palma sostuvo además que hoy se dificulta el ingreso a desarrollos “de pozo”, aunque aclaró que todavía existen compradores que los consideran una alternativa de financiación ante la falta de créditos hipotecarios. 

“Hay un mercado que se enfoca en la búsqueda de propiedades de pozo sin crédito hipotecario, para que el pozo sea justamente la financiación”, explicó.

A nivel nacional, los últimos datos oficiales muestran señales mixtas. Mientras algunos indicadores reflejan cierta recuperación respecto de meses anteriores, la actividad continúa lejos de los niveles históricos y el sector sigue condicionado por la caída del poder adquisitivo, la falta de financiamiento y el freno de la obra pública.

En ese contexto, Pietrobón consideró que Junín atraviesa “un mercado inmobiliario de transición”, menos especulativo y más enfocado en oportunidades concretas y propiedades usadas. 

Para el agente inmobiliario, ya no existe el impulso que años atrás generaba la obra nueva como refugio de valor y motor de inversión.

El escenario actual muestra así una actividad mucho más moderada, donde las decisiones se toman con cautela y donde tanto desarrolladores como comerciantes y compradores intentan adaptarse a una economía marcada por la incertidumbre y los altos costos de construcción.

Fuente: Diario Democracia

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