El Niño podría ser uno de los más intensos desde 1950 y pone a Junín entre las zonas de riesgo alto

El fenómeno de El Niño se fortalece, elevando el riesgo de lluvias intensas y excesos hídricos en Junín y la región.

El fenómeno climático de El Niño se intensifica progresivamente, generando una considerable preocupación de cara a la próxima primavera y el verano. Según proyecciones, Junín y toda la región de la cuenca del Salado han sido identificadas como áreas de alto riesgo, requiriendo una vigilancia constante por la posibilidad de lluvias torrenciales, excesos hídricos y anegamientos significativos.

Alertas de la NOAA y Pronósticos Preocupantes

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha emitido un informe contundente: existe un 69% de probabilidad de que el evento de El Niño que se desarrollará entre octubre y diciembre supere en intensidad a cualquier otro episodio registrado desde 1950. Más aún, la NOAA proyecta una probabilidad superior al 90% de que el fenómeno alcance una categoría «muy fuerte». Este fortalecimiento coloca a Junín y su entorno en un escenario de riesgo elevado, ante la expectativa de periodos de precipitaciones que podrían exceder los valores habituales durante los próximos meses.

Impacto Directo en Junín y la Cuenca del Salado

El mapa de riesgo climático actual sitúa a vastos sectores de Santa Fe, Buenos Aires y la cuenca del Plata en un nivel de alerta alto. Dentro de la provincia de Buenos Aires, la atención se concentra específicamente en las zonas que integran la cuenca del río Salado, donde se encuentra Junín. La ciudad es particularmente sensible a las variaciones del sistema hídrico regional debido a su ubicación estratégica en el noroeste bonaerense y su interconexión con un complejo entramado de lagunas y cursos de agua.

Esta situación adquiere particular relevancia tras las recientes intervenciones en el sistema de Mar Chiquita, incluyendo la apertura de la cuarta compuerta para optimizar el escurrimiento. Si bien la advertencia de un evento de gran magnitud incrementa la probabilidad de impactos asociados, la NOAA aclara que no garantiza que estos ocurran en una ubicación específica. Sin embargo, para Junín, esto representa un escenario de riesgo elevado que exige un monitoreo constante de las precipitaciones y los niveles de los cuerpos de agua.

Gestión Hídrica y Antecedentes Históricos

Especialistas regionales han señalado que el territorio enfrenta este posible episodio de El Niño en condiciones distintas a las de años anteriores, con niveles de agua previos ya elevados y una menor capacidad de absorción de los suelos. Esto subraya la vital importancia de las obras hidráulicas y la gestión eficiente de las compuertas para regular los niveles de las lagunas y facilitar el escurrimiento, como se evidenció con la reciente actuación en Mar Chiquita.

Junín no es ajena a los desafíos hídricos. Las inundaciones de 1993 y 2017 dejaron severas consecuencias en la ciudad y sus alrededores. Por ejemplo, en 2017, la región de Junín registró 365 milímetros de lluvia en abril, y el aumento del nivel de Mar Chiquita se vinculó con aportes de otras zonas del sistema hídrico. Por ello, en los próximos meses, no solo será crucial la cantidad de lluvia que caiga directamente sobre Junín, sino también el volumen de agua que provenga de otras áreas de la cuenca, el nivel preexistente de las lagunas y la capacidad general del sistema para evacuar los excedentes.

Un Llamado a la Vigilancia y la Anticipación

El desafío para Junín será transitar la primavera y el verano con un sistema hídrico que podría recibir volúmenes de agua significativamente mayores y con una capacidad de absorción de los suelos comprometida. Si bien El Niño no es sinónimo de inundación inminente, para una región clasificada de riesgo alto como Junín, este pronóstico representa una clara señal de alerta. Es fundamental seguir de cerca la evolución de las lluvias, los niveles de las lagunas, el funcionamiento de las compuertas y la capacidad de escurrimiento de la cuenca del Salado. La anticipación y el monitoreo serán claves en los meses venideros, especialmente en una ciudad cuya historia reciente está marcada por el comportamiento del agua.

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