Grupo La Verdad En horas de la mañana de este martes 24 de marzo el Honorable Concejo Deliberante
En horas de la mañana de este martes 24 de marzo el Honorable Concejo Deliberante de Junín llevó a cabo una sesión de reflexión en el marco del 50 aniversario del último golpe de Estado en el país.
La presidenta del Concejo, Agustina de Miguel, dio un emotivo discurso que a continuación se transcribe:
En primer lugar, quiero agradecer a los concejales presentes, al Sr. Intendente Municipal, Cr. Juan Carlos Fiorini; al Rector de la UNNOBA, Dr. Guillermo Tamarit; a la ex concejal y referente de los derechos humanos, Olga Prieto; a los medios de comunicación y a todos los vecinos que nos acompañan en este acto.
También quiero destacar especialmente al concejal Flavio Bojko, impulsor de la iniciativa que, con el acompañamiento unánime de este Honorable Concejo Deliberante, nos convoca hoy a descubrir esta placa conmemorativa.
Hoy no es un día más.
A 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, nos encontramos aquí no solo para recordar un hecho histórico, sino para asumir una responsabilidad colectiva: reflexionar sobre lo que ocurrió y, sobre todo, sobre lo que no puede volver a ocurrir.
Nuestra historia como país es joven, pero ha atravesado momentos profundamente dolorosos.
Aquel golpe no fue solo un hecho político, sino una “separación de la naturaleza” que quebró el entramado social, es decir, los vínculos y las instituciones que nos permiten vivir en comunidad.
Porque cuando ese entramado se rompe, no se afecta solo a la dirigencia.
Se apagan las voces en las aulas.
Se instala el miedo en las familias, donde ya no se sabe si se puede hablar con libertad.
Se interrumpen los proyectos de vida de tantos jóvenes.
Y se resquebraja la confianza entre vecinos.
Y lo más doloroso es que el silencio empieza a ocupar el lugar de la palabra.
Muchas veces, cuando recordamos aquellos años, pensamos —y con razón— en el horror de las desapariciones, en la violencia, en el dolor irreparable de tantas familias.
Pero también es importante recordar cómo se vivía en lo cotidiano, como nos contaron nuestros padres y quienes nos precedieron.
Cómo el miedo se metía en las casas.
Cómo se hablaba en voz baja.
Cómo había temas que no se podían mencionar.
Cómo la vida diaria se volvía más gris, más limitada, más silenciosa.
Y eso también es parte de lo que debemos recordar.
Porque nos permite valorar lo que hoy tenemos.
Y en ese contexto, este mismo Concejo Deliberante —la casa de la representación local— también fue silenciado.
Sus puertas se cerraron durante casi una década.
Se apagó el ámbito natural del debate, del disenso y de la construcción de consensos.
Se despojó de sus mandatos a una generación de concejales de distintos espacios políticos, a quienes hoy queremos recordar, no solo por sus nombres, sino por lo que representaban: la voluntad popular expresada en democracia.
Carlos Alfredo Alberti; Gabriel del Castillo; Hugo Fante; Juan José Fernández; Disraeli Aimar Ferrari; Víctor Leonardo Fiori; Raúl Omar García; Luis Ghione; Nelson Gilberto Gianelli; Abraham Ise; Carlos Francisco Laviano; Edelmar Obdulio Larrondo; Alberto Andrés Marrese; Alberto José Melcon; Francisco Montefinale; Pedro Francisco Salamendy; Manuel Sela; Marcelo Véliz; Marta Susana Marano; Alejandro Emilio Barbieri y Emilio Martínez.
Nombrarlos es un acto de justicia institucional.
Es reconocer que detrás de cada banca había ciudadanos comprometidos con su comunidad, ejerciendo una función que les fue arrebatada.
Y hacerlo también desde lo local: recordando a nuestros vecinos desaparecidos —Hugo Torreta, Adelmar Adrián Romié y Gilberto “Beto” Meza—, cuyas ausencias siguen interpelándonos.
Hay una frase que me gusta mucho y que creo que resume este momento: la memoria no es un ejercicio del pasado, es una herramienta del presente.
Porque una democracia no se sostiene solo en elecciones.
Se sostiene en una vida en comunidad donde se puede hablar sin miedo, donde la palabra vuelve a tener lugar, donde no hay temas prohibidos, donde los jóvenes pueden proyectar su futuro en libertad y donde la confianza entre vecinos vuelve a ser un valor que nos une.
Hoy podemos expresarnos, participar, disentir, elegir.
Podemos venir a este Concejo, ocupar una banca, debatir ideas, construir acuerdos.
Por todo eso, quiero decirles a los concejales que tenemos el privilegio —y también la responsabilidad— de ocupar este rol.
Podemos, en definitiva, vivir en libertad.
Y ese es el legado que debemos cuidar todos los días.
Por eso, a 50 años de aquel quiebre institucional, el mensaje debe ser claro, firme y sin ambigüedades.
La memoria nos une.
La verdad nos orienta.
Y la justicia nos sostiene.
Hay una expresión que sintetiza todo ese compromiso.
Una expresión que no es una consigna, sino un acuerdo profundo de convivencia democrática, que no pertenece a ningún partido político en particular, sino a todos los argentinos.
Nunca más.
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Fuente: La Verdad
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